Un Mundial de futbol también puede comenzar sin un balón sobre la cancha. Puede hacerlo con un acorde de Brahms, con el traqueteo ferroviario imaginado por Heitor Villa-Lobos, con el vértigo del cancán de Offenbach o con el galope desafiante de los gauchos de Alberto Ginastera. Puede celebrarse desde una sala de conciertos.
Esa es la propuesta del Programa 4 de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, titulado "Concierto de campeones", una presentación que tomará el ambiente mundialista como punto de partida para recorrer la música de los ocho países que han levantado la Copa del Mundo y rendir homenaje, al mismo tiempo, a México como el primer país en recibir tres ediciones del torneo.
El concierto, dirigido por el maestro Guillermo Salvador como director invitado, se presentará el próximo domingo 5 de julio, a las 13:00 horas, en el Conjunto Santander de Artes Escénicas.
Un viaje musical por las naciones ganadoras
Lejos de construir un programa ilustrativo sobre el futbol, la propuesta establece un diálogo entre la identidad cultural de cada nación y algunos de sus compositores más representativos. "Existe una unidad entre los compositores y los países a los que representan. La idea original consiste en interpretar obras de compositores nacidos en alguno de los países que, desde 1930, cuando inició la Copa del Mundo, hasta la fecha, han resultado campeones", explica Salvador en entrevista con EL INFORMADOR.
El recorrido atraviesa Uruguay, Argentina, Brasil, Alemania, Francia, Italia, España e Inglaterra. Cada nación aparece representada por una obra que, más que hablar del futbol, habla de la cultura que hizo posible esa música." No es que las obras tengan una relación directa con el deporte. Se trata, más bien, de una relación cultural. Tendremos a Johannes Brahms representando a Alemania con la Obertura del Festival Académico; a Manuel de Falla representando a España con la Danza ritual del fuego; a Puccini por Italia; a Ginastera por Argentina y así sucesivamente."
Un concierto construido como una celebración
Si existe un elemento que enlaza piezas escritas en distintos siglos, países y lenguajes musicales, ese es el espíritu festivo. Salvador considera que, más allá del aspecto competitivo, el Mundial representa una celebración colectiva. Esa misma energía guía el programa. "No debemos olvidar que el Mundial es una gran fiesta. La fiesta significa alegría, entusiasmo, canto, ilusión, fervor y emoción. Por eso prácticamente toda la música que interpretaremos posee ese carácter festivo."
La Obertura del Festival Académico, de Brahms, resulta un buen ejemplo. Escrita para agradecer un doctorado honoris causa recibido por el compositor, la pieza no recurre al protocolo solemne que podría esperarse de una ceremonia universitaria. Brahms construyó, en cambio, un mosaico de canciones estudiantiles que se escuchaban en tabernas y reuniones populares, una música que comparte con las tribunas de un estadio el entusiasmo colectivo.
En Francia, Jacques Offenbach aportará la irreverencia de la obertura de "Orfeo en los infiernos", cuyo célebre cancán continúa siendo uno de los fragmentos más reconocibles de la música occidental. Desde Brasil llegará "El trenecito de Caipira", de Heitor Villa-Lobos, mientras que Argentina cerrará el programa con las Danzas del ballet "Estancia", donde Alberto Ginastera recrea el mundo de los gauchos mediante una escritura rítmica de enorme energía.
Entre ambos extremos aparecerán la elegancia británica de Edward Elgar, la profundidad lírica de Puccini y la fuerza expresiva de Manuel de Falla. "No dejamos de tener momentos de dramatismo, porque forman parte de la música, pero, en términos generales, la energía, la vivacidad y el espíritu celebratorio estarán presentes durante todo el concierto", explica el director.
México también entra a la cancha
Aunque la selección mexicana aún persigue el sueño de conquistar una Copa del Mundo, el país ocupa un lugar singular dentro de la historia del torneo. En 2026 se convirtió en la primera nación que organiza tres ediciones del campeonato mundial. Para Guillermo Salvador, ese hecho justificaba plenamente la presencia de un compositor mexicano dentro del programa.
“Más allá de los ocho campeones del mundo, México debía estar representado. Aunque todavía no hemos tenido la fortuna de ver a nuestro país campeón del mundo —esperemos que eso ocurra pronto—, será el primer país en organizar tres Copas del Mundo. Ese es un récord histórico.”
La elección mexicana recayó en una obra menos conocida de José Pablo Moncayo. En lugar del inevitable "Huapango", la orquesta interpretará la "Sinfonietta", una partitura escrita en 1945 que permite descubrir otra faceta del compositor jalisciense. "La intención no era recurrir únicamente a la obra más conocida, sino mostrar otra faceta de Moncayo. La Sinfonietta conserva ese carácter nacionalista que lo identifica, pero también permite apreciar sus cualidades como creador de una música con proyección internacional."
El reto del programa no consiste en interpretar música de distintos autores. También exige que la orquesta y el director cambien constantemente de lenguaje. En cuestión de minutos, los músicos pasan del lirismo contenido del Intermezzo de "Manon Lescaut", de Puccini, al ímpetu rítmico de Ginastera o al humor desenfadado de Offenbach. Para el maestro Salvador, esa transformación forma parte del oficio del intérprete.
"No es tan sencillo como pasar de una obra a otra. Uno tiene que adaptarse constantemente. Puedes venir de una música profundamente dramática, melancólica y subjetiva como la de Puccini, para inmediatamente interpretar una obra completamente explosiva como las danzas de Estancia. Eso implica cambiar totalmente de carácter", explica. "Como artistas escénicos tenemos que desarrollar precisamente esa capacidad: cambiar de personaje dentro de nosotros mismos para poder transmitir cada obra con autenticidad. Incluso dentro de una misma composición larga aparecen estados de ánimo completamente distintos."
La música también construye identidad
A lo largo del concierto, el público recorrerá distintas formas de entender la identidad nacional desde la música.
Algunas aparecen mediante referencias folclóricas muy claras, como ocurre con Villa-Lobos o Ginastera. Otras lo hacen de manera más sutil. Ese recorrido convierte al concierto en una especie de mapa sonoro donde cada obra funciona como una ventana hacia la cultura que la vio nacer.
"La esencia de cada compositor está profundamente ligada a su país, incluso cuando hablamos de música considerada universal. Si pensamos en Brasil y escuchamos El trenecito de Caipira, encontramos una presencia nacionalista muy evidente. Lo mismo sucede con Estancia, donde el folclor argentino aparece de manera muy marcada", finalizó el maestro.
NG